24/04/2012
por Imanol Oquiñena
Como consecuencia de la evolución, han surgido seres vivos capaces de sobrevivir en las más extremas condiciones medioambientales. Entender cómo algunos microrganismos son capaces de vivir a temperaturas superiores a los 100oC, en ausencia total de agua o en medios extremadamente ácidos, puede ser la base para desarrollar potentes innovaciones tecnologícas. Sin embargo, esta extrema capacidad de supervivencia, puede resultar a veces, un auténtico quebradero de cabeza.
Este es el caso de los cascos de los barcos. Los barcos permanecen sumergidos en un medio acuoso durante la mayor parte de su vida útil. Allí, se ven sometidos a la acción de una gran variedad de plantas, algas, animales y pequeños microrganismos, que se adhieren a su superficie y la deterioran, modificando sus propiedades químicas y físicas. Se estima que este fenómeno, incrementa en un 60% el rozamiento de los cascos de los barcos, lo que a su vez provoca un aumento en el consumo de combustible del 40%.
Del mismo modo que en la naturaleza existen organismos capaces de adherirse a cualquier tipo de superficie y sobrevivir con un mínimo aporte de nutrientes, existen seres vivos, que han desarrollado estrategias destinadas a evitar la acción perniciosa de estos supervivientes extremos. Las semillas de multitud de plantas que aprovechan las corrientes marinas para dispersarse, bien podrían considerarse los barcos de la naturaleza.
Científicos alemanes del Biomimetics Innovation Centre, dejaron flotando en el Mar del Norte 50 especies distintas de estos “barcos naturales”. Tras 12 semanas, comprobaron que 12 de estas semillas no mostraban signos de deterioro alguno. Tras analizar las estrategias de cada una de las semillas que permanecían intactas, se decidieron por la semilla de Dypsis rivularis. Una especie de palmera, cuya capacidad de evitar la adhesión de otros seres vivos reside en su superficie.
El equipo de investigadores creó una superficie de silicona que emulaba la superficie de las semillas. Esta superficie artificial basada en semillas flotantes, podría sustituir a las pinturas tóxicas que se usan en la actualidad para evitar que los cascos de los barcos se deterioren. Al mismo tiempo, supondría un ahorro de combustible para los barcos y una reducción de las emisiones de CO2 a la atmósfera causadas por el transporte marítimo.